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En Lo de Moni y Pekeños Gigantes, dos jornadas reunieron a chicos, chicas, familias, líderes barriales y voluntarios alrededor de algo tan sencillo como importante: tener tiempo y espacio para disfrutar de la infancia.
Hay momentos de la infancia que parecen pequeños cuando suceden: una tarde jugando, una comida compartida, una obra de teatro, una ronda de maquillaje, una carrera en el patio o un juego que hace reír a grandes y chicos por igual.
Pero esos momentos también importan.
Durante agosto, en Lo de Moni y Pekeños Gigantes, las comunidades compartieron jornadas especialmente pensadas para celebrar a las infancias. Hubo juegos al aire libre, maquillaje, teatro, comida, regalos y actividades que involucraron no solamente a los chicos y chicas, sino también a sus familias, adolescentes y adultos de los espacios.
En Pekeños Gigantes, por ejemplo, más de 150 chicos y chicas participaron de la jornada. Las familias colaboraron en la organización y los adolescentes del espacio también fueron parte activa de la celebración.
Y hubo algo que atravesó ambos encuentros: el juego como una forma de encontrarse.
Algunos juegos recuperaron dinámicas que quizás muchos adultos recuerdan de su propia infancia. Como ese desafío de saltar adentro y afuera de un círculo cada vez más rápido, que termina provocando risas y errores entre chicos y grandes.
Porque cuando el juego aparece, las edades se mezclan. Las familias participan, las líderes barriales juegan con los chicos y el espacio cotidiano se transforma por un rato en un lugar para disfrutar juntos.
El 28 de septiembre de 2005 se sancionó en Argentina la Ley 26.061 de Protección Integral de los Derechos de las Niñas, Niños y Adolescentes. La norma establece que el Estado, con participación activa de la sociedad, debe garantizar el derecho de niños, niñas y adolescentes a la recreación, el esparcimiento, los juegos recreativos y el deporte. También reconoce derechos vinculados con la educación, la salud, la participación y la vida comunitaria.
Por eso, desde Semilleros entendemos que estos encuentros no son solamente festejos.
Son espacios donde algunos derechos se vuelven concretos.
Un plato de comida compartido.
Un juego.
Una actividad artística.
Un adulto que participa.
Una líder barrial que acompaña.
Un grupo de chicos que puede encontrarse y disfrutar.
Nada de esto sucede de manera aislada.
Detrás de cada jornada hay familias, líderes barriales, voluntarios, emprendimientos, empresas y personas que deciden involucrarse. Desde Semilleros acompañamos estas iniciativas acercando recursos y articulando esa red para que las propuestas que nacen en cada comunidad puedan hacerse realidad.
Porque garantizar derechos también es construir redes para que puedan ejercerse.
Y cuando esas redes crecen, una tarde de juegos puede convertirse en algo mucho más grande: un espacio donde una infancia puede ser, jugar, compartir y sentirse parte.
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